Nuestros clientes nos piden seguridad ante este tipo de imprevistos. La irracionalidad de los órganos de control, junto con un problema que los está superando y que, evidentemente, no saben cómo solucionar, los lleva a realizar clausuras donde no se debe.
Se busca hasta encontrar, y esto nos obliga a tomar medidas drásticas sobre nuestra forma de trabajo. Debemos entender que nuestros clientes esperan soluciones “mágicas” y que no podemos prometerlas ni asumir esta responsabilidad.
Es fundamental exigir los cambios y mejoras que requiere un buen control de plagas. No podemos ser débiles en este punto. No se puede realizar un control profesional de plagas en un local que no reúne las mínimas condiciones de higiene y seguridad. Si nosotros no tomamos conciencia de esto no podremos hacer tomar conciencia a nuestros clientes.
A esto se suma que la cadena de distribución está sucia: las bebidas, los panificados, las frutas, etc. Entran a los locales gastronómicos con insectos y, esto lo terminamos pagando nosotros y, por supuesto, nuestros clientes.
Recomendemos cambiar proveedores, exigir que los cajones y cajas de bebidas vengan limpios, que los panificados respeten las mismas normas que se les exigen a ellos.
Tristemente, la costumbre es reaccionar ante la clausura, y la primera acción que se toma es el cambio de empresa de control de plagas. Por eso es fundamental la prevención y la educación.
Está más que claro que nos beneficiamos todos.
